A Oliveira le gustaba
hacer el amor con la Maga porque nada podía ser más importante para ella y al
mismo tiempo, de una manera difícilmente comprensible, estaba como por debajo
de su placer, se alcanzaba en él un momento y por eso se adhería desesperadamente
y lo prolongaba, era como un despertarse y conocer su verdadero nombre y
después recaía en una zona siempre un
poco crepuscular que encantaba a Oliveira temeroso de perfecciones, pero la
Maga sufría de verdad cuando regresaba a sus recuerdos y a todo lo que
oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar, entonces había que besarla
profundamente incitarla a nuevos juegos, y la otra, la reconciliada crecía
debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los
ojos perdidos y las manos torcidas hacia adentro, mítica y atroz como una
estatua rodando por una montaña, arrancando el tiempo con las uñas, entre hipos
y un ronquido quejumbroso que duraba interminablemente...(pÁG. 47 - RAYUELA - Julio Cortázar).
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